Alfaya converge con las poetas, 4 de agosto 21,30, Sala Galileo, Calle de Galileo, 100, 28015 Madrid
VIDEO REPORTAJE DEL CONCIERTO Y ENTREVISTA A JOSÉ MARÍA ALFAYA:
https://youtu.be/ix3bOOwtS00
Video: Alfaya canta al piano
LA REVOLUCIÓN
poema de M.A.Fernández Jordán
https://youtu.be/AvHpCWt4uiI

Durante la actuación: a la izquierda el poeta Juan Guillermo Vergara Monsalve, (sentado en el suelo), María Ángeles Fernández Jordán y José María Alfaya sentado al piano.
María Ángeles, durante la lectura de una parte del artículo:
Juegos y trampas, publicado en:
JUEGOS Y TRAMPAS
Jugar, jugar, jugar… Nadie podría ser hoy lo que es, sin el juego. Tal vez una máquina o un robot, pero nunca un mamífero. Un almanaque con la imagen de un pequeño gatito jugando con una flor, su hermano de otro color, jugando a atrapar una mariposa, y su hermana, gatita, aunque nadie le miró su sexo, (que no su género) jugando a atrapar el rabito de sus dos hermanos. Se sabe, sin posibilidad de error que es gatita, porque solo éstas, en femenino, pueden portar tres colores de los de la gama de universo felino del gato común. Cosas de la genética, sea ética o no, justa o desigualitaria, la genética tiene sus reglas.
Jugar y jugar, ante el imaginario anuncio de una compañía de seguros, que renta su ganancia con la imagen de un niño sonriendo ante la sonrisa de un perro, ladruna ella, mientras ladra, porque los perros ríen cuando ladran, y lloran, cuando callan, aunque en silencio, y lo que se me ocurre, para darles ideas (antes de hincarles las uñas como una gata), a la compañía de seguros, digo, no al niño ni al perro, es un lema en el cartel: “Nuestra lealtad, tu seguridad”. Éxito sería. Éxito total. Lo sé por cuando estuve en el mundo publicitario, aunque nunca transitando por él enseñé las bragas, (tampoco me gustó bajarme las de la mente) y por cuando estuve en el mundo de una multinacional de seguros, aunque nunca más que allí me sentí tan débil, vulnerable e insegura, en todos los mis, nuestros derechos, que creí conquistados. Por algo de aquello no debí querer ser mujer de éxito, “tirando mi futuro por la borda”, como alguien “exitoso” de entonces de allí me dijo. Nunca me gustó enseñar las bragas, y el aburrido juego de la vulnerabilidad sin paliativos, sin anestesia, por el simple disfrute de adrenalina cayendo al vacío, me pareció siempre, sencillamente una perversión, ni tan siquiera sexual, peor que eso: social.
Jugar al despojo de lo conquistado es tan mamífero como irracional. Generar miedo a perder lo que se ha planeado quitarte: educación, sanidad, pensiones, seguridad ciudadana, servicios sociales… para forrarse con tu miedo y tu necesidad de seguridad, es un juego, tan simple para ellos, y tan fatal para nosotros: las víctimas, como el juego contra el toro, estocado, banderilleado, toreado y por fin rematado, también otro pobre y noble mamífero.
Por el juego, vivimos, aprendemos y crecemos. Por el juego, somos burlados, víctimas de las trampas, y morimos, de modo que los juegos determinan nuestra vida, y aceleran y maquillan nuestra muerte. ¿Quién puede extrañarse por tanto del éxito del mundo de la consola hasta hacer largometrajes de muñecos o iconos de juego simples y ramplones?, ¿del beneficio de casinos y bingos?, ¿del aumento de gustos sexuales ligados a “juegos” poco o nada convencionales?, ¿de que la adicción al juego sea una enfermedad que genera síndrome de abstinencia como el “mono” de una droga dura, y de que a punto estuvo de tener que cambiarse las leyes en España, para el establecimiento de un espacio en Madrid, de casinos y juegos, donde se jugaba o pretendía a jugar a lo que no está habitualmente permitido?.
El juego, como la genética, sea ética o no, justa o desigualitaria, tiene también sus reglas. Y he ahí el cogollo y el meollo de la cuestión, que como mamíferos socialmente inmaduros, inexpertos, torpes, incautos, ingenuos, despistados, confiados en la manutención de la teta, en la confortabilidad de la camada, en la sociabilidad de la manada, y en la madre que parió y amamantó a la misma, nos vemos envueltos en trampas, fuera de las reglas oficiales del juego, de las que ni tan siquiera somos conscientes. El poder usa nuestras emociones de atolondrados y emocionados mamíferos para jugar con nosotros, para trampearnos, y lo peor de la juguetona experiencia, es que no aprendemos del juego ni de las trampas, como un toro bravo en eso que llaman su fiesta, seguirnos invariablemente siendo nobles y atolondradas víctimas.
Nos creemos, la cúspide de la evolución, pero hay biólogos que admiran a los insectos, de sangre fría y sin emociones. Hay insectos que pueden ver en 360 grados, otros, pueden orientarse y sobrevivir, sin apenas sentidos, pueden vivir en colmenas, o ciudades subterráneas, sin que nadie quede en desempleo ni sea excluido socialmente, en una perfecta organización y comunicación social. Pueden y saben sacrificarse por el bien común. No existen dominantes ni dominados, ni sentimientos de vanidad y gloria, de poder o de emulación, de envidia o de egocentrismo… y carentes de un cerebro desarrollado, no calientan su sangre para la ira, ni necesitan de un cerebro desarrollado para dominar.
Que una mujer que escribe poesía tenga por ideal a una negra cucaracha, no es tampoco nada extraño ni original. Cosas más extravagantes pudo pensar, decir o vivir Charles de Baudelaire, por ejemplo, teniendo en cuenta además la evocación que se hace de la muerte de la cucaracha, a la cual, se dice que se la mata a polvos. Lo cierto, es que creo a la cucaracha más evolucionada. Entre otras cosas, sabe sobrevivir porque nunca entra al juego, ni admite que le cambien las reglas sin haber participado en su establecimiento.
Los mamíferos que hemos y seguimos jugando, y siempre que podemos, mamando, solo tenemos unas cuantas claves para sobrevivir: participar en el establecimiento de las reglas del juego, ser conscientes de las trampas cuando nos las hacen y no permitir que el juego continúe con el uso de trampas. En este contexto yo pregunto como una negra cucaracha que toca las narices siempre que aparece, si la economía predomina sobre la política, como un axioma teocéntrico de un nuevo estado feudal monetario, y ésta es capaz de cambiar las reglas del juego sin nuestra participación, ¿por qué tenemos que jugar a eso?. Si jugamos a eso, porque como mamíferos llevamos el juego en los genes y no podemos dejar de jugar ¿estamos dispuestos a jugar ”in illo tempore” a ser esclavos?. Si jugamos a ser esclavos, y lo aceptamos ¿Seguiremos también jugando a hablar de democracia y a seguir votando dentro de las reglas del juego cómo y dónde y a quienes nos manden dentro de las posibilidades de sus nuevas reglas? Y si jugamos a todo eso sin reaccionar, ni aprender nada, podemos seguir diciendo que somos una especie evolucionada, culmen y cúspide de la evolución que aspira a rozar las estrellas?
Si las reglas del juego son la supervivencia, y el aceptar con responsabilidad de nuestros actos y riesgos, conforme a la teoría liberal y neoliberal, por qué una sociedad limitada solo responde con el límite de tres mil euros, y las familias van a la calle, se quedan sin su casa, sin sustento y aún deben dinero?. Si las reglas del juego neoliberal es no pagar impuestos, o pagar los menos posible, y la supresión en el mayor grado posible del estado, por qué tenemos que sufragar con nuestros impuestos cuotas de empresas privatizadas que son y serán siempre una ruina como las eléctricas convencionales? Si la banca pública no ha funcionado, porque lo que funcionan son las financieras de capitales privados, por qué como en el caso de Bankia en España, los políticos aprueban rescatar con dinero público las deudas y los errores de los banqueros privados? Hasta cuando se aceptarán las trampas de ese juego de destruir lo público para empobrecer a las poblaciones que deben luego pagar a precio de oro los servicios y suministros básicos una vez privatizados por una miserable suma simbólica?. Seguiremos permitiendo la trampa de tener en todos los colores y anagramas políticos a presuntos representantes , incapaces de ganarse la vida como vendedores en el mundo liberal capitalista que ellos, para los demás promulgan, publicitan y defienden, como marionetas de unas reglas del juego en las que no hemos participado? Qué sociedad sea de abejas, hormigas o cucarachas puede sostenerse manteniendo a los más torpes e inútiles en la dirección de la sociedad, para el mero sometimiento y esclavitud de la misma? Dos, tres, cuatro, o cinco mil años buscando y muriendo por la democracia y la libertad para no saber decir a estas alturas: “Yo a eso no juego”
Pues al juego de las negras togas, de las venias a sus señorías , y del reparto de hostias en forma de sentencias, comulgadas como ruedas de molino, hace años que dejé de jugar. Como Charles de Baudealiere, prefiero la poesía, y antes de las reglas del juego para el establecimiento larvado e irremisible de la esclavitud, la poesía exacerbada, negra y sublime, de la exaltación de la belleza de una cucaracha, el vuelo de belleza innegable de las moscas, trazado de la nariz de un muerto, a su último excremento que la muerte impidió que pudiera limpiar, la sinceridad de un piojo o de una pulga que no esconde ni miente en cuanto es tu parásito, y no usa juego, ni disfraz. La belleza, en definitiva, de la verdad.
Aunque soy mamífera, en mi voluntad está dejar de hacer mamadas, porque a eso: el jugar a derechos teóricos sin posibilidad de trazarlos, a películas de buenos y malos en la individualidad, entre un sistema de fuerzas equilibradas y sanas (que neoliberal y sano es hostiar al débil, porque es así la vida), y además con trampas, yo no juego.
Escrito y publicado en varios medios el 27 de julio de 2015
María Ángeles Fernández Jordán
Concierto publicado:
Parte del texto de María Ángeles:
youtu.be/ix3bOOwtS00
Vídeo completo del concierto:
www.youtube.com/watch
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Alfaya nos destapa, ¡¡¡o lo intenta!!!
Gracias a José José María Alfaya González, por este regalo, y la deferencia de incluirme. Un abrazo. María Ángeles (MAF. Jordán)